lunes

Escribir, escribir siempre



Escribir permite reconocer un conflicto, procesarlo, barajar soluciones alternativas y, si se lo hace en forma sostenida, evaluar progresos y logros.


Consejos prácticos para escribir

• Encuentre un espacio y tiempo para escribir sin interrupciones.
Prométase escribir un mínimo de 15 minutos diarios, por lo menos durante 3 o 4 días seguidos.
• Una vez que empezó, escriba continuamente, sin preocuparse por gramática u ortografía. Si se le acaban los temas, repita lo que ya escribió.

Escriba acerca de:

• Temas en los que está pensando mucho, o que le preocupan.
• Cosas con las que sueña.
• Cuestiones que están afectando su vida de
modo no saludable.
• Temas que ha venido evitando por días, meses
o años.
• Escriba con absoluta honestidad. Para ello, conviene planear deshacerse de lo escrito al terminar.

Luego se verá: puede guardarlo, editarlo, borrarlo, quemarlo, romperlo, o comerlo (no recomendado).

(Extraído de: Pennebaker, James W., Writing and Health: Some Practical Advice)


sábado

Fogwill, una bestia, un provocador, puro talento

Marguerite Duras, en Escribir


Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible.

Todo escribe a nuestro alrededor, eso es lo que hay que llegar a percibir; todo escribe…


jueves

Cartas a un joven novelista, Mario Vargas Llosa


Una reflexión en forma epistolar dirigida a todos aquellos a los que domina la ilusión de llegar a ser novelistas.

El gran escritor peruano, a través de estas cartas, nos habla con lucidez del oficio y el arte de narrar, y aconseja:

«... quien ve en el éxito el estímulo esencial de su vocación es probable que vea frustrado su sueño y confunda la vocación literaria con la vocación por el relumbrón y los beneficios económicos que a ciertos escritores (muy contados) depara la literatura. Ambas cosas son distintas. Tal vez, el atributo principal de la vocación literaria sea que, quien la tiene, vive el ejercicio de esa vocación como su mejor recompensa, más, mucho más, que todas las que pudiera alcanzar como consecuencia de sus frutos.»

Y, a partir de esa idea fundamental sobre la vocación, Vargas Llosa discurre sobre el poder de persuasión, el estilo, el espacio y el tiempo del narrador, la realidad y la experiencia del escritor, la autenticidad y la ficción del relato, la eficacia de la escritura, su coherencia interna que emana del propio lenguaje, la estructura de la novela,

«esa artesanía que sostiene como un todo armónico y viviente las ficciones que nos deslumbran»...

Un alarde de sabiduría y experiencia, ilustrado con numerosos ejemplos de escritores y novelas, descritos con pinceladas breves y certeras, que acaba con un consejo definitivo:

«Querido amigo: estoy tratando de decirle que se olvide de todo lo que ha leído en mis cartas sobre la forma novelesca y de que se ponga a escribir novelas de una vez.»


El consejo de... Charles Dickens Sobre su hijo, David Copperfield


Dickens, que con doce años empezó a trabajar en una fábrica de betún después de que su padre fuera encarcelado, escribió algunas novelas tan conocidas como Oliver Twist, Papeles póstumos del club Pickwick o David Copperfield.


Esta última, narrada en primera persona y con trazos autobiográficos, fue para él su novela favorita.

En el prólogo de la misma, escribe:

Es posible que al lector le interese muy poco saber con cuánta tristeza se abandona la pluma después de una labor creadora de dos años; o cómo se siente el autor al arrojar una parte de sí mismo en el reino de las sombras, cuando una multitud de criaturas de su imaginación se separan de él para siempre. Y, sin embargo, no tenía nada más que contar; a menos que confesara (lo, todavía hoy, que sólo me queda algo nuevo que confiar al lector. De todos mis libros, éste es el que prefiero. Nadie pondrá en duda que soy un padre afectuoso con todos que quizá sea aún menos relevante) que a nadie podría parecerse más esta narración, al leerla, de lo que me había parecido a mí al escribirla. Tan ciertas son estas afirmaciones los hijos de mi imaginación, y que ningún otro progenitor puede querer a su familia con tanta ternura. Pero, como muchos padres afectuosos, tengo un hijo favorito en el fondo de mi corazón. Y su nombre es David Copperfield.

De Charles Dickens, David Copperfield (Alba)